¡Esa olla está muy vieja!


¡Esa olla está muy vieja!


Es difícil para muchos no tener presente ese objeto carbonizado y con un metal que ya se ve como amarillo por los vestigios de grasa que lleva a cuestas y más cuando uno cocina todo el tiempo porque ,claro, sale más baratico siempre el comer en casa, sin contar que esa olla es herencia y hay que darle un espacio en el corazón y en la estufa siempre. Esa olla tiene quiebres, tiene grietas, desgaste en el mango, el cual parece que, alguna vez, antaño antañísimo tenía algo de plástico por alguna parte y, además, seguro que hasta espíritu tiene porque mi mamá y mi tía decían que con esa quedaba de mejor sabor tal o cual comida... que la carne, que los huevos y esas cosas. 

Creo recordar, porque ya no puedo recurrir tan fácilmente a una historia de primera mano, que la trajeron de Boyacá, de cuando vivían por allá cuando eran adolescentes. En la pequeña finquita de La Victoria era a punta de leña y eso le daba carácter a la comida, a la ropa y a los ojos cristalinos de los que por esos lares anduviésemos de vez en cuando. Si antes hablaba de que hace parte de la herencia, imaginemos no más quién carga con una pailita desde allá hasta Bogotá en busca de un mejor futuro. Esas pailas parecen gatos acompañantes y hasta en armas se convierten. Son como insignias de la familia y asumen los golpes como cualquiera de nosotros, solo que rara vez se rompen.

Al final, lo que pasó es que duró muchos años rondando por la casa esa olla pero un día, cuando mi madre dejó este plano en el que caminamos, tanto los que leen esto como yo, mi papá a los pocos días se llevó varias cosas, entre ellas, la dichosa ollita y pues ya no pude darle ese característico sabor, que decían ellas que brindaba, a las cosas que trato de cocinar cada vez que llego agotada de deambular por unas calles repletas de gente con rostros opacos y poco cálidos... quién sabe si es porque también se les llevaron la pailita y ahora ese espacio en el corazón y en la estufa está vacío.  







Comentarios