Relato acerca de una prenda a desechar: No es que no sirva, es que no lo quiero
No es que no sirva, es que no lo quiero
Alguien me dijo una vez, no sé quién, que esas cosas es mejor no tenerlas, que no hacen bien para la casa, ni para el cuerpo ni la mente; me dijo que cargan malas energías y que llevan a cuestas la vida del dueño, del que antes las tenía, que una cosa, que la otra.
Yo no sé si creo en lo que me dijo, en el momento no tengo nada que me haga pensar que tener ropa de procedencia desconocida sea perjudicial para mi existencia. Fue una tarde que vi ese vinotinto tan elegante y es que el terciopelo me gusta demasiado. Así llegó a mi casa.
Caminar por las calles de la ciudad implica ver una gran cantidad de cosas que seducen y pues las tiendas en que venden cosas de segunda son muy llamativas. Paramos y compramos un par de objetos y prendas luego de dar un paseo por los pasillos angostos. Había cosas muy feas sin duda, pero ese vestido me encantó de solo tocarlo.
- ¿Cuánto vale? Me lo llevo.
- Ya va a comprar eso tan viejo...
- Si a mí me gusta el resto está de más.
- A que se lo pone dos veces y lo regala.
- A que me lo pongo ocho y lo guardo.
El olor que emitía me decía que, en efecto, había estado guardado hacía mucho y quién sabe en qué condiciones. Luego pensé: "Quién sabe qué historias lleva". De ahí para allá es extraño porque parece que jamás me lo puse con confianza. Lo vestí más de ocho veces, eso sí, no lo regalé, lo guardé. Ahora lo quiero poner en la basura.
No es que no sirva, es que no lo quiero. Creo que la vida de su anterior dueña era muy difícil y ya cargar con una vida es suficiente como para llevar sobre el cuerpo otra... vinotinto, aterciopelada que, pese a parecer muy bonita, solo trae ese color por la mala embriaguez y una sangre turbia.
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